miércoles, 22 de noviembre de 2017

EL MITREO. LA CAVERNA INICIÁTICA


Mitreo

1. En las anteriores ocasiones hemos considerado a Mitra más bien como un dios trascendente, es decir destacando sus aspectos más altos, incluso metafísicos y supracósmicos. En esta ocasión vamos a hablar de Mitra como un dios inmanente, o sea implicado en la lucha interior del hombre por su liberación. Mitra como el guía y compañero de todo aquel que participa en sus misterios, referidos tanto a la cosmogonía como a la teogonía de un dios cuyo nacimiento y actos heroicos y civilizadores son paradigmas a imitar por los iniciados de la cofradía mitraica. La expresión platónica “el camino hacia la Inteligencia es para el alma la liberación de sus cadenas” es perfectamente aplicable al sentido último que tenían las enseñanzas impartidas en dichas cofradías.
2. Queremos hablar en definitiva de la simbólica de los siete grados de la iniciación mitraica, cuya transmisión y recepción se celebraba en el Mitreo, el templo de Mitra. Este evoca la “gruta” en la que nació el dios. El Mitreo es la “caverna iniciática” y un modelo simbólico del cosmos. Su techo abovedado simboliza el cielo y el suelo la tierra. Entre uno y otro está el espacio donde se desarrollan los ritos de la iniciación, o sea la vivencia de la aventura del Conocimiento, de la Gnosis.
3. Casi todos los conocimientos de la doctrina mitraica se transmiten a través de su iconografía, y la que más abunda es precisamente la que hace referencia al Mitreo, a la caverna iniciática”. El filósofo pitagórico Porfirio, conocedor de los misterios de Mitra, en su obra El Antro de las Ninfas, describe dicho antro como una gruta o cueva:
“Por supuesto los antiguos consagraban, con razón, las grutas y las cuevas al universo, ya considerándolo en su conjunto ya en cada una de sus partes…”
Y más adelante afirma Porfirio que los antiguos filósofos y sabios no sólo consideraban

Ninfa en un carmen de Granada
“la gruta como un símbolo del universo sensible, sino que también la concebían como símbolo de todas las potencias invisibles, a causa de la tenebrosidad de las grutas y la arcana substancialidad de esas potencias” (…) “En esto se basaron los pitagóricos y después de ellos, Platón cuando definieron el universo como gruta y cueva (…) “En el libro séptimo de la República se lee: ‘Considera, pues, a los hombres como en subterránea gruta y mansión en forma de cueva con su entrada orientada a la luz y que se extiende a lo largo de toda la caverna” (…).
Esta imagen, continúa Platón, “debe relacionarse con todo lo dicho anteriormente, comparando la región que se manifiesta con la vista a la sede de la prisión, y la luz del fuego que en ella brilla al poder del sol”.

Obra de Rafael 

El Mitreo era esa “mansión en forma de cueva”, orientada también hacia la luz, hacia Oriente. Exactamente igual que los antiguos templos cristianos, o la misma Logia masónica.
4. En el Mitreo están representados en distintos lugares del mismo el zodíaco, los planetas, el sol y la luna, los cuatro vientos y las cuatro estaciones, los animales que asisten a la tauroctonía, una geografía significativa… Allí, en el interior de ese espacio sagrado se recrea ritualmente el nacimiento de Mitra en la “caverna cósmica”, destacándose sus rasgos redentores y liberadores, pero también demiúrgicos, claramente expresados en el sacrificio del toro primordial, pero también a través de su lucha y posterior amistad con Helios, el “Eón Llameante”, de cuya formidable potencia luminosa es investido Mitra.
5. Demiúrgico es asimismo el acto del dios lanzando sus flechas a la roca con el fin de liberar las “aguas fecundantes”, asociadas con la fecundidad y fertilidad de la Luna y por tanto con la del toro, animal cargado también de una fuerza demiúrgica en numerosas culturas.
6. En realidad, las relaciones de Mitra con los demás dioses planetarios y mitológicos, incluidos Atlas, forman parte del relato de su teogonía, anterior a la creación del mundo, que en verdad comienza con el sacrificio del toro.
7. Ciertamente la iconografía de Mitra nos ofrece la secuencia didáctica de su enseñanza cosmogónica e iniciática. Existe una doctrina única, una misma concepción del cosmos, unas imágenes idénticas entre las cofradías mitraicas esparcidas por doquier. Los misterios de Mitra, como los de Deméter, Atis y Cibeles, los de Serapis y Asclepios, formaron parte del fermento gnóstico y filosófico vivido intensamente en todas las provincias del Imperio.
8. Esto propicia la “transferencia” a los misterios de Mitra de origen persa y mazdeo de esos otros misterios herméticos y pitagórico-platónicos de cuño occidental, todo ellos relacionados con las ideas acerca de la estructura del cosmos y del mismo proceso iniciático. El Antro de las Ninfas de Porfirio abunda en esas ideas, que se plasmaron en algunos relieves mitraicos de gran impacto visual.
Tauroctonía y Zodiaco
9. Un ejemplo de esas “transferencias” es el símbolo universalmente conocido de la copa o crátera, que sustituye a veces al toro en el rito de la tauroctonía. Aunque a simple vista no lo parezca, existe una identidad entre la crátera y el toro, pues ella no contiene otra cosa que la sangre misma del animal sacrificado, o sea purificada por el acto ritual de Mitra.
10. Precisamente Porfirio menciona a las cráteras y ánforas de piedra que se encuentran en la gruta de las ninfas, y dice que ellas no contienen agua sino miel, un símbolo relacionado con el fuego purificador y un verdadero “alimento de inmortalidad”. “Alimento de los dioses” llama Porfirio a la miel, que juega un papel importante en grados avanzados de la iniciación mitraica y de los que más adelante hablaremos.
11. Todas las representaciones iconográficas describen en realidad momentos del rito iniciático, que recordemos “dramatiza” la energía del mito al ser vivenciada por el adepto. Y todo esto aparece plasmado en la iconografía, actuando a modo de “ayuda-memoria” que es en realidad la función que tienen todos los símbolos tradicionales.
12. En este sentido, volvemos a reiterar que el símbolo, como el mito y el rito sagrados, se puede interpretar a distintos niveles de lectura, y si en el video dedicado a Mitra Tauróctono nos centramos sobre todo en el aspecto “alquímico”, en esta ocasión estamos destacando su vertiente cosmogónica. La creación del mundo se narra en muchas tradiciones como un sacrificio de la potencia del Dios, aquella parte de sí mismo, por así decir, donde se encuentran todas las posibilidades que darán lugar al mundo manifestado. El toro simbolizaba esa potencia en los misterios de Mitra.
13. La tauroctonía representa en todo su dramatismo esa acción cosmogónica. El mundo es creado a partir de la sangre derramada por el toro primigenio, que es la naturaleza y la vida misma manifestándose en toda su plenitud. Y en ese sacrificio ha de intervenir necesariamente un dios que, como Mitra, es portador de la “llama irradiante” del Espíritu, la cual penetra en el cuerpo del toro, dando nacimiento a todo lo creado.
14. Pero además, la sangre del toro es también la que “salva” y “libera”, ya que ella ha recibido el influjo espiritual del propio dios. Al igual que la miel, la sangre es “fuente de vida” y “brebaje de inmortalidad”. Ambas está vinculadas con el “fuego que no quema” de la alquimia, que es el principio ígneo y espiritual del Intelecto divino que habita en el centro de todo ser, y que la iniciación a los misterios “despierta”.

Altar Mitraico
15. Recordemos que todas estas escenas, con su rica iconografía, suceden dentro del Mitreo, representación del cosmos, a la entrada de la cual hay dos personajes con antorchas en las manos que se encuentran a uno y otro lado de la escena de la tauroctonía. Hablamos de Cautes y Cautopates, los “portadores del fuego” (dadóforos).
16. Son aspectos del propio Mitra, y ya Dionisio Areopagita hablaba en sus Epístolas de un “triple Mitra”, cuyos memoriales eran celebrados por los Magos persas. Estamos ante un símbolo que alude a los misterios del fuego y a la triple naturaleza del mismo: corporal, anímica y espiritual. Este triple Mitra está representado a veces por tres cabezas que salen de las ramas de un árbol.
Triple Mitra, símbolo de las tres formas del Amor del Padre, y el más elevado grado en los Misterios de Mitra.

17. Cautopates señala con su antorcha encendida el solsticio de Verano, mientras que Cautes señala con la suya el solsticio de Invierno. La simbólica de los solsticios, así como la de los equinoccios, se plasma de manera clara en los misterios de Mitra, deidad que no debemos olvidar “nace” el 25 de diciembre, en el solsticio de invierno.
18. Los pitagóricos denominaban al solsticio de verano la “puerta de los hombres” y al solsticio de invierno la “puerta de los dioses”. La tradición hindú también habla de la “puerta de los antepasados” y de la “puerta de los dioses”, y el significado es el mismo.
19. Por la “puerta de los hombres” el alma “desciende” a la “caverna cósmica”, y allí, mediante su iniciación a los misterios, ha de realizar el retorno a la morada celeste y supracósmica atravesando para ello la “puerta de los dioses”. Por la puerta de los hombres el alma entra en la caverna cósmica y “encarna” en un estado determinado de la existencia, mientras que por la puerta de los dioses ella sale del cosmos, de la caverna cósmica, tras haber “disuelto” cualquier “forma”, cualquier estado condicionado, gracias al sutil fuego divino que la acompaña a lo largo de todo su viaje por la caverna, en su descenso y en su ascenso por el eje que une la tierra con el cielo.
Apoteosis de Mitra

20. Cuando en el ritual mitraico se habla de un “persistir de la potencia del alma en una pura pureza” se está aludiendo precisamente al ascenso del alma y a su gradual “transformación” por la atracción de una fuerza divina superior a cualquier cosa. Es la “apoteosis de Mitra”, simbolizada por el ascenso en el “carro solar”. Mitra señala a su adepto el camino de aquellos que, según Porfirio, “suben a los dioses”. Hacia la identificación con el Ser Universal, con el Sí Mismo. La Memoria de Calíope
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Ver Nuestro Video sobre el Mitreo o Caverna Iniciática, el lugar donde renace Mitra a través del iniciado mitraico, portador de la llama irradiante del Espíritu, la cual penetra en el cuerpo del toro dando lugar a la Creación


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